jueves, 2 de enero de 2014

Musas y musos

 Si el poeta quiere ser poeta, necesita una musa. Sea de plata, escombros o espinas.
 Puede respirar o anhelar, de viento y caliza o sementó y voladiza.

 Pero siempre esta. Es una u otro. Pero siempre el poeta tiene una musa. O un muso.
 La carne materializada, de sus sueños y hazañas. 

 Un golpe de aire, una frase bonita, una palabra indulgente, un sentido, un tormento, una huida, un deseo, una pasión, un refugio, un criadero, una isla, una huella, una persona, un momento, un infinito: la poeta se inspira y crea de la mentira de sus propios engaños, pero es cierto.

 Es medio verdad y medio fingido. Es lo que creas, es lo que quieras. 

 Reposo y fantasía, verdad y realidad, contrapuestos y necesarias. 

 Una verdad de mentira, una mentira real. Y allá aquel cuerpo y aquellos ojos que me llenan, siempre son los mismos, y siempre son diferentes. 



1 comentario:

Unai dijo...

¡Muy bien, sigue así!