Esa sensación de no encontrar el final de una callejuela. El olor suelto, un cuaderno de cuero recién estrenado. Entre esas enormes sábanas rebozan su instinto perdido que de vez en cuando regresa. O es que le gusta vivir entre las sombras y la luz, los rayos de las llanuras, en las cerraduras. Es divertido, perderse sin tener la necesidad de llegar deprisa. La magia y el encanto, como una "chica" artesana que baila entre las ramas, de pies del revés y encuadra al otro lado. Nos queda la piel, se nos encienden los ojos. Porque de noche lo que brillan son las farolas, sin tener que despertar de manera ninguna.

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