No es justo hacer de nosotros, desteñirnos como colores en llama. Porque ardemos.
Porque nos encontramos.
Porque siempre terminamos por marchar. Ráfagas de tensión comprimen un verde aliento a la órbita perfecta.
Y aunque lo sepa, se condena. Y sonrío intrigada, brasas que no se van apagar. El oxígeno es el mismo cuando ahoga.
Lo sabemos bien, todo lo empezamos nosotros.
Es la historia que se dictó cuando dejamos de lado la sentencia.
Y que triste todo esto de hacerse de menos, porque echan en falta algo más que un par de palabras.

2 comentarios:
Qué triste la vela que brilla ante la tenue pared en la que dos sombras hacen el amor.
Gracias por todos tus comentarios Vicky… :)
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