Amaneciendo...
Los he visto cambiando su destino, su vida creada a medida.
El antojo de todos los otros.
Y después descubren que no es el suyo, en realidad nunca lo fue.
Los vi teniendo el camino claro, la decisión concisa y las oportunidades escasas.
Aún lo veo sin salida, sin deseo y el presente que arrastra.
Y luego los veo como yo, arrastrando todo a su paso, quién sabe, demasiado rápido y a gran velocidad.
Y seguimos queriendo inventar una vida que ninguno de nosotros eligió nunca.
Cómo podríamos saberlo, si toda la esperanza se resume en la desesperanzada falta de futuro, y buscamos otra manera, tampoco nos (les) sirve, nunca fue válido ser nuestra generación. (Ni de nuestra propia manera).
Entre la modernidad de un clic y las facetas de un perfil validado a dimensiones, entre tradiciones y el canto de los pájaros.
Entre los restos que nos dejaron y lo que construimos en escasos pasos.
Entre dos incompatibles e inseparables controversias, vivimos nosotros.
Los jóvenes que parecen no pertenecer ni al ayer ni al mañana.
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