lunes, 13 de abril de 2015

Pai




Cada músculo de mi cuerpo se contrae en la misma sinfonía, un doloroso hibrido entre mantener y arrancar. Entre el aire que se desahoga ahogado en vanos intentos. Entre los miembros frágiles de un golpe. Una puesta de sol que nunca termina, y termina por ser un mareo gélido, lo que era un alivio acaba por desconcertar. Como una broma de mal gusto, de esas que no hacen gracia y retumban como un símil viejo y desgastado, algo carente, sin embargo, contundente.

Perpetuamente ahogada en un suspiro. El soldado de la paz se muere lejos, y yo estoy aquí.

Derretida por saladas bocanadas de desespero, un descanso y alivio traicionero. Como barro entre barrotes escurrida.

El oxígeno circula rápido para expandir el trance. Una voz temblorosa al otro lado, quisiera no oírle. Ojos rojos y labios apretados, no tanto como una válvula que se descompone comprimida en un atasco. (Yo nunca he dejado de sonreír).

No me llega la suficiente sangre, no para hacerme inmune e invulnerable.

El soldado de la paz se muere.

Él se muere lejos. Y yo estoy aquí (con dos corazones intactos y pálidos).

"El soldado de la paz = Papa"

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