Luego están tus quejas, tu incapacidad de afrontar tu cobardía, tan inmóvil, tan recta y dura a la vez. Tu frildad me ha cautivado, y me mata cada día más. Tu indiferencia camuflada de cariño, cuando no pasa de egoísmo.
Y tras tantos y tantos años... Me desconoces. Son abrazos fríos y gélidos.
Has muerto como en un frío algo y tu cuerpo sigue flotando; sin duda, has cambiado. Y muertas han quedado las palabras y la paciencia.
Tampoco aguantarías oír lo, no serias capaz, y otra vez más el mundo o quizá yo seamos los culpables de todo... Así son las cosas ahora.
Terriblemente doloroso, quiero la distancia, porque la pasión de la vida es calor y roce, es cariño y soporte, apoyo, y respeto.
Será por una cosa o por la otra, algo de tu frío tacto se acumula en mis entrañas y para no matar mi pasión prefiero vivirte lejos... Esto suena como la última vez, ¿Lo recuerdas?...
Las culpas, no, ellas no existen, somos tú y yo... Dos misteriosos monstruos inabitables, y así... "
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