jueves, 16 de enero de 2014

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  Fue hace bastante
  Y aún puedo recordar aquel día.

La tormenta era increíble, y los rayos tan barullentos y sombríos eran los únicos que podían encender las ciudad aquel día.






  Venía de alguna que otra historia de esas que llenan el pecho y amargan los amaneceres, que nacen a la noches y mueren al amanecer del día. Incluso que viven, o sobreviven bajo el sol, usurpando el poco aliento que queda de las épocas de los fuegos artificiales y los poemas regalados, llenos de inspiración y vida. Qué la vida parecen que te la acaban de regalar, cómo algo misterioso y nuevo, increíble hasta ridículo en su sencillez, y en cómo lo adoras hasta tu última gota de sangre.

  Pero ese aire parece congelarse y lo más cercano del cielo que sientes esos días cuándo ese dulce amargo toma tu boca es esa tormemta y una charla con alguien que mi sabes muy bien que tiene para decirte. Y en efectivo, fue así. Agridulce, o amargochocolate, cómo todas las conversaciones y pensamientos que podrían rondar cerca aquellos días.





  Nos acercamos, y tampoco es que estuviera muy atenta, tampoco es que no quisiera escucharle, pero era tan bonita, tan reluciente y tan trágica aquella tormenta, era terrible y me cautivaba por eso. Por qué cómo algo tan aparentemente horrible podía escomder tan profunda belleza, serían aquellos días, o mi atracción por lo inusual, por lo humano, e instintivo de la naturaleza.

  El caso es que, ese día bajo aquellas gotas de lluvia, gordas y que incluso golpeaban al caer descubrí que mi mayor sueño, y mayor pasión se unirían en una. Un antiguo profesor tras leer antiguo textos me hablo de la posibilidad de crear un libro mío.

  Ese día todo empezó, bajo aquella lluvia y envuelta en aquella terriblemente adorable tormenta. Y hoy bajo la luz de la noche, o en su oscura sensualidad OS cuento cómo surgió la idea de que en la primavera de 2014 publicaré mi primer libro.





  Aquel profesor ayudaba a marcar un nuevo principio en mi historia, en recobrarla y volver a escribirla, y esa vez tal y cómo siempre había querido. A mi estilo, a mi manera, con mi pasión, mi energía y expontaniedad.

  Nada me hace más feliz y me enorgullece más que haber logrado ese pequeño delirio. Mi delirio.










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