Quizá fuera aquel olor. O aquella sensación tan incómoda y placentera también puede que fuera ambas, como un molino en el que me pierdo sin necesitar volver a recordar la salida, aquel pasadizo secreto.
Era un escondite, un pequeño momento cuando creaba todo mi refugio.
No quisiera perder me eternamente, sino que saltar de un lado a otro descubriendo puertas, salidas y sensaciones, esas que tanto me inspiran la realidad.
La única verdad que encuentro es el tacto que percibo.
Fue así como andar por una calle y sentir un olor puede concentrar vidas en mi mente.

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