Un tiempo soleado, nada que pensar nada que decir, kilometros perfumados de flores que brotan. Ese cosquilleo tan agradable. Miles de cuentos a los que cerré los ojos y solo escuché atentamente cada sílaba que el susurró deslizandose hasta mi interior. Así aprendi a vivir de ojos cerrados.
Se balanceaban el tic-tac del reloj, aún el tiempo seguia y seguia. Las mañas vivas y alegres, las tardes comtebladoras, y un anochecer tranquilo. Me gusta traducir la vida en palabras llenas de sensaciones y emociones, así quisimos, así hicimos. Para bien o para mal en viento nos guío, aparecío de la nada, promesas, sólo son promesas cuando no hay duda de que aún imcumplidas seguirán siendo guardadas. Nada más que dejar el tiempo pasar mientras miró al infinito y escuchó el sonido de las olas.

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