El amanecer era de otoño. Una gasa de niebla
luminosa llenaba el aire; ni un ruido, ni un
signo de vida rompía la calma del crepúsculo.
A lo lejos se oía el murmullo del mar, lento,
tranquilo, sosegado…
Veían algo; pero era en el interior del alma, en esas
regiones misteriosas donde brotan los amores y los
sueños..

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